De pronto me encuentro en una carrera contra reloj a la que nunca me inscribí, corriendo sin saber a donde correr pero sin poder parar. A veces quisiera correr para atrás, retroceder y volver a vivir ese tiempo en el que no importaba demasiado qué querías o a dónde ibas, únicamente experimentar y disfrutar, aprender.
Ahora estoy aquí, contemplando todo el tiempo que pasó, lleno de experiencias y aprendizajes, pero tal vez no los suficientes como para saber concienzudamente a donde quiero ir, y cómo llegar algún lugar si no sabes a dónde vas.
Cuando creo que tengo todo claro, un plan, una meta, algo pasa, alguien pasa que lo cambia todo o que es exactamente lo que quiero, y eso hace que ya no lo quiera. ¿Cómo saber qué es lo que verdaderamente quiero? si con mi cabeza sé que quiero, sé que quiero sentir intensamente, pero es también mi cabeza la que no me permite sentir de esa manera.
El tiempo sigue pasando, y no sé si me preocupa más el plan impuesto socialmente, el no tener ningún plan, o que el tiempo sigue pasando sin dejarme elegir cuál es la meta a la que quiero llegar, qué es lo que quiero lograr, qué quiero hacer, con quién quiero estar.
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